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LITOGRAFÍAS A PARTIR DEL AIRE.
POEMA XXII


No, no te busco en el sueño
ni te busco entre mis pasos
ni tampoco te busco dentro de mis ojos
porque a ti hay que encontrarte
desde tu propia forma,
la que contiene memorias de la tierra,
de sus campos,
de los cuerpos de agua que la habitan,
de sus corrientes de aire,
a ti hay que mirarte
con pupilas que viajan horizontes
de planetas y pájaros,
a ti hay que saber acariciarte
con el mismo esmero que se acarician los violines
y las ramas de los árboles,
a ti hay que saber quererte
con la misma entrega de amor que tiene un águila
cuando cruza latitudes y en su vuelo
puede cambiar el Norte a la cima de todas las montañas,
porque contigo hay que saber atravesar el fuego
y vivir en su brasa inagotable
y arder sin consecuencias,
hay que saber quererte
como se quieren las piedras con la hierba
cuando cantan su querencia de milenarias canciones
con la vorágine de los ríos,
contigo hay que adentrarse en parajes desconocidos
y pulir lo absoluto a condición de inesperados rumbos,
contigo tengo que crear los adjetivos de mi vida
a fuerza de belleza y valentías,
porque contigo despierto a voluntad de inusuales
y puedo hacer que los delfines
escriban sobre las espumas un sonido de cartas
que hagan temblar las raíces de las amapolas
al otro extremo del mundo,
para que tú al recogerlas,
sepas que estoy entre tus manos.

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