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LOS DÍAS QUE AHORA TENGO
POEMA I


Dentro de mí se destruyeron inmensas ciudades
en mi furia de conquista,
ahora habito un espacio donde continuamente me modifico,
pienso en lo que hasta aquí me ha traído
y ya no es mi historia.
La mujer o la energía en que estoy moviéndome
ha vivido entre otros labios sorbiendo
multitud de humedades al espacio,
sintiendo entre mis huesos
su látigo de miel cambiando paradigmas
apartando de mis ojos todo lo que pudiese
arrebatarme la visón.
Ellas, las que se han alimentado mi cuerpo,
me devolvieron a mi salvajismo,
desenterraron mi nota discordante
ésa, que no me permite utilizar el cansancio
en su forma más sutil,
cansancio, que te envuelve y te dice que eres feliz,
que estas acompañada,
que tienes cómplice para enmudecer o acatar,
que todo anda bien porque es igual
al día de ayer y al año anterior
y que tú como los demás vas de la mano de alguien
pero no de la tuya,
que tú como los demás describes el horizonte
según lo ves
pero nunca según lo que en verdad sabes del horizonte,
que tú como los demás vives
fuera de la peligrosa energía del amor
porque si la miras, si decides unirte al torrente de su poderío
ningún segundo sería igual al otro, ni habría expectativas
y te hundirías en las zonas donde la tierra todavía canta
y nubes o silencios son leyendas como son leyendas
los pájaros o las arenas que alguna vez
fueron llamadas mares.



179

Una y cuarenta de la tarde, miércoles,
la vida simplemente me responde y conversa
con mis pies, con mis manos,
con los clavos de mi brazo y de mi hombro
con las izquierdas partes de mi cuerpo;
no quiero recordarte,
nunca, nunca,
recordarte sería hacer lo que otros hacen
yo simplemente quiero, cuando puedo,
mirarte en presentes de ti, de tu figura;
mi corazón es hoy por hoy:
un muelle, una cornisa, una plaza de toros,
un andén, un cúpula, la mitad de tu ojo,
una mesa, una cítara, el más recién nacido huevo de una tortuga,
el Adagietto de La Sinfonía Número Cinco de Mahler,
la Sinfonía Incompleta que nació entre los pianos y los dedos de Schubert,
el antepenúltimo movimiento de La Danza de las Horas
desquiciando el cerebro de Amilcare Ponchielli,
pues soy lo que atraviesa el tímpano de manera elocuente,
soy una zona de amor sin cuantificaciones,
un espacio absoluto, movible, incandescente
donde existen los verbos que definen:
el galope en los cascos de los caballos
un ciempiés caminando el perfil de una hoja,
los manteles, el oporto,
una salvaje orquídea,
el tacto de las letras,
sus imparables símbolos,
lo que despierta un cuerpo molécula a molécula;
para las estructuras donde vives, te envío, de manera inequívoca:
el Concierto de Mozart Número Cinco tocado por las manos de Janine Jansen,
el lujo contenido en un higo maduro,
la palabra que hiciese lo imposible, posible,
el fragor de las nubes cuando se sienten mares,
la consciencia, en las partes de ti,
donde contienes el pensar y me piensas aún sin tú saberlo
cuando escuchas la fantasía de Carmen
conjugando el violín en los dedos de Itzhak Perlman.
Hoy escucho a Viktoria Mullova
como a un ojo de agua
donde soy la estructura de un trapecio
entre el lago Baikal y el mar de Kara.
imagen gratis del internet