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LA ORILLA DEL ASOMBRO
Poema XXII

De una isla
jamás
nadie se escapa,
es como una mujer
de la cual nunca
podemos deshacernos
por completo;
su verde
nos retiene abiertamente
fuera de todo amor
logra existirnos
ser algo de la calle
y de las gentes:
se levanta contigo
te sorprende
frente la espejo
peinas
su silueta
pretendes olvidarla
pero escuchas
en tus zapatos
el eco de su huella
que imperturbable
a todo sobresalto
te sigue, sin ayuda,
adonde quiera;
es parte
de la cama o el armario
la más antigua risa
que has tenido
el más nuevo dolor
que a ti se acerca,
mientras
te roba el modo
de soñarla
y te busca, te mira,
se te enfrenta
o te reintegra
en latitud de barca
a un erótico
impacto de mareas
como única manera
de encontrarla
en el filo absoluto
de la espera.
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